FELIZ DÍA DEL LIBRO.
Cuento: Mi pequeño homenaje al libro. Una historia sobre el valor de la lectura desde la infancia.
Le espero todos los días, pero no viene a buscarme. Desde la estantería le observo llegar del colegio
como un rayo y soltar la mochila en la cama. Enciende la televisión mientras merienda, y se queda
embobado viendo esos muñecos de colores que se pelean y gritan muy alto.
A veces pienso que me cogerá entre sus manos cuando sube trepando a la estantería, pero luego me
decepciono cuando otra tarde más, saca a pasear a su flamante coche teledirigido. Por la noche antes de
dormir juega en su ordenador. Le gustan los juegos de carreras de coches y de luchas. Y así pasan las
horas, hasta que su mamá le interrumpe y le obliga a que se vaya a la cama a dormir. Y así día tras día. Yo
triste y olvidado, espero que llegué el día en el que me de la oportunidad de ser su amigo. Tengo tanto para
ofrecer... Tengo un montón de aventuras para él: le haría el mejor explorador, le enseñaría los lugares más
maravillosos que ha visto jamás; le daría las llaves de una ciudad, un pasaporte a exóticos países aún sin
descubrir. Le enseñaría el valor de la amistad, de la naturaleza, el honor y la lealtad de un caballero.
Desarrollaría su imaginación, dibujaría en su mente los personajes, los paisajes, las países que
recorreríamos juntos...¡Pero el no quiero ser mi amigo!
Este Domingo amaneció gris y sucio. El cielo amenaza con descargar toda su furia sobre las calles del
pueblo. Daniel esta enfadado porque no puede salir a jugar a la calle con sus amigos. Da vueltas por la casa
hastiado y aburrido. Pasa los canales de televisión sin pararse en ninguno. Suelta el mando, se marcha a su
cuarto, enciende el ordenador, pero la tormenta provocó un corte de luz y ahora ya no funciona. Enfadado
le da un golpe fuerte, como si pensará que por golpearlo volverá a resucitar. Da vueltas por la habitación
hasta que por fin se desploma en la cama mirando al techo. Su mirada se detiene en la estantería. Se
incorpora y empieza a recorrer con la yema de los dedos los diez ejemplares olvidados de su colección
de libros, que su abuelo le regaló. Me agarra entre sus manos. ¡No me lo puedo creer! Por fin me ha
elegido a mí, por fin siento sus dedos sobre mi cubierta. Se tumba en la cama y empieza a pasar las páginas.
Le llevó en mi brazos a recorrer aventuras, y él se deja llevar cada vez más entusiasmado. Ya no está en
esa habitación y en la calle ha dejado de llover.. Daniel ya no es Daniel y ahora es un enigmático caballero,
fuerte, valiente e inmortal, que recorre el mundo para impartir justicia. Las horas del reloj se detienen y en la
calle, la vida sigue su curso normal. Su padre entra en el cuarto para avisarle que es la hora de la comida.
Daniel no puede dejar de leer. Es la primera vez que su padre le ve protestar por tener que soltar un libro.
Daniel se moría de ganas de volver a retomar la lectura, quería saber que le pasaría al caballero del antifaz
cuando se adentró en el oscuro pasadizo... Y así día tras día, Daniel devoraba todos los libros de su
colección. Al leer las últimas páginas del décimo libro, sintió una enorme tristeza; el vacío que nos queda
cuando algo bueno se nos va. Sus padres le dieron una sorpresa y le llevaron a una gran biblioteca en la
ciudad más próxima a su pueblo. Allí Daniel recorrió cada una de las estanterías buscando nuevas aventuras
y encontró nuevos amigos que le llevarían de la mano hacía otros lugares lejanos, en los monótonos días de
lluvia.