viernes, 28 de marzo de 2014

Empezamos con una breve historia de amor....







                              ONDAS.  
       
Hoy me he vuelto a levantar con la sintonía de tu voz. Una composición perfecta de armonía y belleza.
    La mañana sucia y ardiente de un caluroso día de Julio, se me antoja con tonos azules y violetas que me recuerdan los amaneceres que nunca vimos. Mis labios, ardientes de deseo, aguardan pacientes recorrer cada centímetro de tu piel; del Norte al Sur, del Este al Oeste… viajar por tu cuerpo sin más brújula que los latidos de nuestro corazón. Un solo corazón y una misma respiración.

Son las ocho de la mañana y la ciudad ya hace tiempo que se quito el pijama y nos muerde en las piernas, nos empuja a las prisas, al ruido, a la soledad de estar rodeados de tanta gente y no sentir a nadie… Deseo que lleguen las siete de la tarde y escuchar de nuevo tu voz y tu risa. ¡Me gusta tanto cuando ríes! Te imagino sentada junto a mí, tomando un té en un sitio chic. Me miras y ríes mis ocurrencias. ¡Estas tan hermosa esta tarde! Me armo de valor y decido ir a buscarte a la salida del trabajo. Estoy muerto de miedo. No sé que te voy a decir, ni siquiera sé si te gustaré. Yo te he imaginado tanto… A veces morena, con pelo largo; otras  rubia y esbelta, pero siempre con la misma sonrisa. Es de noche y  ya están apagando las luces de la emisora. Solo sé que te llamas Irene. Pregunto al conserje, y me señala un coche gris que desaparece en la noche dejando un rastro de ti. Te sigo con mi moto. El coche se para cerca de un restaurante. Una chica joven y guapa se baja del coche. El corazón me late a cien por hora.

    - ¡Irene!

 - No, yo soy la becaría. ¡La jefa está en el coche! - Irene te buscan.

   Una mujer de unos 40 años de pelo corto y rizado, y con ropa ancha que disimulan sus kilos de más, se baja del coche.

  -¿Querías algo? – Un autógrafo, dije con voz temblorosa. Sonreíste, y al hacerlo supe que eras tú. Y así, con mi nombre en un papel y tu sonrisa, me aleje recordado a mi amigo Luís, que  guardaba su valioso ordenador portátil en una vieja mochila para que no se lo robaran. A veces las cosas más bonitas están en los envoltorios menos llamativos. Yo abrí esa noche el mejor de todos…






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